No tengo fe en el Análisis Aplicado de Conducta

La fe es la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital, puesto que la persona considera esa creencia como un aspecto importante o esencial de la vida. Un aspecto esencial de la fe es la creencia y la confianza. Todos estos conceptos implican la acción de dar por bueno algo sin la necesidad de obtener pruebas objetivas de su existencia, funcionalidad o verdad. Tener fe y confiar implica el riesgo de poner la mano sobre el fuego y aceptar la probabilidad de quemarse. Tener fe implica la necesidad de creer en algo bajo la definitiva aceptación de no lograr pruebas de su realidad en ningún momento.

Uno puede creer en las relaciones personales, en el cristianismo, en la religión musulmana, en el hinduismo, en la quiromancia, en el tarot o incluso de la ouija. Todas estas creencias se basan en un principio fundamental de fe y como tal se centran en la creencia a ciegas, sin necesidad de demostraciones basadas en principios científicos si no en la mera esperanza. Tener fe es una opción y cómo tal debe ser respetada.

De la misma forma podemos creer en una multitud de pseudociencias. Una pseudociencia es aquella práctica que es presentada como científica, pero que es incompatible con el método científico. En esta línea, existen multitud de pseudoterapias que se venden como científicas. Son “terapias” que no han sido validadas como efectivas, bien porque no han sido sometidas a estudio científico o bien porque siendo sometidas a estudio científico los datos no son concluyentes o significativos. Dentro de nuestro marco de aplicación, algunos ejemplos que podemos citar son el Método Tomatis, Modelo Denver, Método Teacch o los Sistemas de Comunicación Alternativos. Ninguna de estas metodologías, hasta el momento, poseen los estudios científicos necesarios para validarlas como científicas (Agudelo Yuli y López-Delgado Nancy, 2018). Por lo tanto, uno puede perfectamente creer y confiar en estas metodologías, observar mejorías puntuales o incluso consistentes pero siempre teniendo en cuenta que su decisión se basa en la creencia en una efectividad que aún no ha sido validada. Como todo creencia, esta opción también debe de ser respetada.

Ahora bien, ninguno de los conceptos presentados como la fe, la creencia o la confianza pueden aplicarse al análisis aplicado de conducta. No podemos decir que tenemos fe en el análisis aplicado de conducta, ni qué creemos en este método y, probablemente, tampoco sea adecuado afirmar que confiamos en sus resultados. ¿Por qué razón? porque el análisis aplicado de conducta ha demostrado en decenas de estudios científicos su validez, su eficacia y efectividad. Por lo tanto, no estamos ante una cuestión de fe si no ante un hecho empírico que avala a esta metodología como una ciencia en sí misma. Entendemos por ciencia a una rama del saber humano constituida por el conjunto de conocimientos objetivos y verificables sobre una materia determinada que son obtenidos mediante la observación y la experimentación, la explicación de sus principios y causas y la formulación y verificación de hipótesis y se caracteriza, además, por la utilización de una metodología adecuada para el objeto de estudio y la sistematización de los conocimientos. Si el análisis funcional de conducta es una ciencia no cabe más que aceptar los hechos objetivos que demuestra.

Por lo tanto, uno puede tener opinión sobre la metodología, puede gustarle más o menos sus procedimientos, puede tener mucho o poco conocimiento en la materia y, sin embargo, seguir opinando sobre ella. Por tanto, sobran los comentarios o afirmaciones en contra de los efectos de la metodología ya que esta ha sido sometida de forma continuada a la evaluación científica y ha aprobado con nota. Evidentemente existen profesionales con gran conocimiento en la materia y con principios éticos fundamentales. Así como profesionales que aplican la metodología sin la formación teórica, práctica ni ética adecuada. La mala praxis de un profesional no invalida la eficacia de la metodología que dice aplicar, al igual que un cable defectuoso no invalida la ley de Ohm.

El objeto de estudio del análisis funcional es el comportamiento del ser humano, probablemente el objeto de estudio más complejo, interesante y en el que influyen mayor número de variables. En el resultado de la terapia ABA existen múltiples variables que van a ser determinantes. Es claro que los resultados con un niñ@ sin déficit cognitivo asociado, que inicia la terapia en edad temprana, con una terapia intensiva en la que se involucran tanto su contexto familiar como escolar no será el mismo que el resultado de un niñ@ con déficit cognitivo asociado, que inicia la terapia con 6 años y que recibe un programa de baja intensidad en el que el contexto escolar no se involucra. La diferencia en estos resultados no se debe justificar en la metodología aplicada si no en variables externas a ella que la situación específica del niñ@ hace difícil controlar.

Con todo esto, lo que nos gustaría conseguir es que seáis críticos, busquéis la información real en referencias científicas, que dudéis de todo lo que leáis si no va acompañado de una base empírica y que aceptemos que el mundo esta lleno de negacionistas que hacen mucho ruido, pero también que hay muchos científicos intentando mostrarnos grandes conocimientos en las diferentes áreas que abarca eso llamado “ciencia”. En definitiva, respetamos todas las creencias pero por favor, dejemos de negar la evidencia.

 

Referencias:

Agudelo, Y; López-Delgado N. Estudio técnico de terapia Tomatis® para pacientes menores de 18 años con trastorno del espectro autista, en el marco del procedimiento técnico científico y participativo de exclusiones. Bogotá D.C. Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud -IETS y Ministerio de Salud y Protección Social; 2018.

Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER). Instituto de Salud Carlos III – Ministerio de Ciencias e Innovación. GÜENEMES CÁRCAGA, I., MARTÍN ARRIBAS, M.C., CANAL BEDIA, R., POSADADE LA PAZ, M., “Evaluación de la eficacia de las intervenciones psicopedagógicas en los trastornos del espectro autista”. Madrid: IIER – Instituto de Salud Carlos III, Noviembre de 2009.